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Lo que la cabra de la legión piensa del 12 de octubre 

   Todos los años España hace un desfile el 12 de octubre, un día para celebrar la nación española, un día en que sólo se habla de lo bien amaestrada que está la cabra de la legión. Pero ¿alguien ha preguntado a esa cabra (este año se llamaba Pablo) si quería desfilar? ¿Alguien se ha molestado en saber qué opina? Porque si es una buena cabra española seguro que tiene una opinión de España y tan válida como la de algunos cabrones que balan a los cuatro vientos su orgullo patrio para purgar sus crímenes. Quizá Pablo piense que la nación española merezca un día tanto como la mujer trabajadora. Pero el problema es que la España democrática no supo limpiar la sangre de este día, celebrado por Franco como el Día de la Raza o como el día en que los conquistadores desembarcaron en América para domesticar y dogmatizar durante siglos a unos pueblos de raza inferior. La España de hoy sigue ocultando este complejo episodio (llamado genocidio, conquista o proceso de colonización según el manual de historia) tras el eufemismo de la «Hispanidad». –¿Qué carajo es eso? –diría Pablo. Ya que la historia separó tanto a España de Latinoamérica, deberá ser la lengua la que funcione como nexo, una lengua que sí supo mestizar su herencia latina, griega, árabe y hebrea con palabras del quechua, el guaraní y el náhuatl. Una lengua que fue el vehículo de una nueva civilización nacida de la confluencia entre Europa y América. Pablo seguro que está de acuerdo con que un día al año las instituciones celebren la diversidad cultural de los pueblos castellanoparlantes, pero quizá piense que el 12 de octubre no sea el mejor día para hacerlo, y mucho menos que coincida con la fiesta nacional. La inestabilidad que España ha arrastrado durante su historia está producida por haber sido paradójicamente imperio antes que nación. Y que España mantenga su fiesta el 12 de octubre supone un vestigio nostálgico-imperial, un dolor del pasado, un anacronismo tan estúpido como el resentimiento de algunos latinoamericanos cuando reprochan a un español del siglo XX haber asesinado a su abuelo Atahualpa. La única manera de acabar con esta discordia consiste en reconocer al otro para reconocerse a sí mismo. Por tanto, la España democrática debería celebrarse a sí misma el 6 de diciembre y así conmemorar aquel día de 1978 cuando los españoles votaron en referéndum su constitución. Lo que no quiere decir que no debamos actualizarla. Pero Pablo piensa que el fútbol es lo único que ha podido unir y consolidar a este país, y dice que la fiesta nacional debe ser el 11 de julio porque según su opinión el acto fundacional de la España democrática es la final del mundial de 2010, ese día en que todos los españoles gritaron juntos y orgullosos en un proyecto común.