El porvenir de la cultura en Almería

   ¿Qué ha cambiado en Almería a nivel cultural en los últimos cinco años? Poca cosa, dirán los escépticos. Pero si profundizaran un poco descubrirían que las asociaciones han sido el motor de un cambio asombroso, el germen de algo nuevo. Almería ha pasado de tener el Zaguán y el Georgia como únicas alternativas de la programación institucional a contar con la Guajira, el Clasijazz, el Microteatro, la Oficina y el Costa Contemporánea. Estos pequeños milagros han logrado con su esfuerzo cultivar el baldío dejado por las administraciones con propuestas audaces y originales, iniciativas pedagógicas y compromisos estables. Han plantado una semilla que deberá germinar hacia la profesionalización. No tengamos miedo a esta palabra. Para que pueda evolucionar, la cultura necesita profesionales y los profesionales necesitan estabilidad, de lo contrario corremos el riesgo de estancarnos en la precariedad y la fuga de talentos. En el ámbito musical, Almería ha demostrado ser una ciudad levantina con escuelas, conservatorios, festivales, bandas y orquestas, pero mantiene una deuda pendiente con las artes escénicas. ¿Cómo es posible que el Parador de las Hortichuelas tenga escuela municipal de teatro y Almería no? ¿Qué papel está jugando la EMMA? ¿Cómo proteger a las academias de danza del intrusismo de los gimnasios? ¿Por qué no se retoma el circuito de Café Teatro? ¿Cuándo la Universidad volverá a afianzar su aula de teatro como un laboratorio de iniciación escénica? Preguntas enigmáticas, como los molinos con complejo de gigante que cada año deben doblegar las Jornadas del Siglo de Oro para perpetrar su existencia. Sin embargo, en el ámbito del cine el panorama es más alentador. Hay un festival internacional de cortometrajes, formación, promoción y empleo. Pero para afianzar los cimientos de una industria básica, Almería deberá ofrecer algo más que un clima bueno, paisajes bonitos y figurantes baratos a jornada completa en superproducciones extranjeras. Se abre por tanto ante nosotros un motivador proceso evolutivo que engloba asociaciones, aficionados, profesionales, empresas y espectadores donde el apoyo de las administraciones es fundamental. Sólo necesitamos amplitud de miras en esta ciudad donde siempre queda algo por hacer. Y aprovechando que la decoración navideña ya está instalada en las calles, me gustaría adelantar mi deseo de año nuevo y pedirle al 2016 que nos devuelva lo que el 2015 nos quitó: el Microteatro, la revista ‘Cultureta’, la librería Sintagma y el Delicatessen.