Roaming 7
El Algarrobico, la doctrina del shock y César Manrique

     La doctrina del shock, acuñada por la periodista Naomi Klein, viene a decir que una sociedad sumida en la inestabilidad es fácilmente influenciable para que tome decisiones en su contra. De esa manera, una oligarquía se aprovecharía de la desorientación inherente a una época de crisis para coartar los derechos de una población y poder así beneficiarse. ¿Una época de crisis? Es un tiempo raro el que vivimos en este país encarnizadamente politizado, donde una cabalgata de reyes, las rastas de un diputado y un hotel son capaces de polarizarnos hasta las antípodas.

     Hace tiempo que había olvidado el asunto de El Algarrobico cansado de esa maraña de tribunales y sentencias, de esa lentitud de las Administraciones para adoptar una solución acorde con la legalidad. Pero la rapidez con la que se abrió hace unas semanas la concesión de un bar en la playa de Mónsul y la recogida de miles de firmas en su contra me hizo volver al polémico hotel. Una década lleva parado, una década llevan sus promotores hablando de los 150 empleos que creará esta panacea para el 23% de paro que sume a Carboneras en una situación de crisis. ¿Qué diría Naomi Klein de esto? Quizá diga que está feo jugar así con la gente, que se debe contar la verdad: gran parte de esos puestos serán para profesionales de fuera, directivos, diplomados en turismo que sepan inglés, francés y alemán, monitores deportivos, técnicos formados en animación de eventos y en primeros auxilios. ¿Ofrecerán los promotores esa formación a los habitantes de Carboneras para que puedan ser contratados?

     Sin embargo, lo que sí dice Naomi Klein es que sólo la historia puede protegernos en una situación de crisis, nuestra cultura, saber de dónde venimos y quiénes somos. Defender nuestras señas de identidad es una labor de todos, tanto de las Administraciones que deberían restaurar con rapidez emblemas como El Cortijo del Fraile o el castillo de San Pedro, como de los almerienses, que no deberían vender su alma al diablo de la especulación y plantar cara a ese monstruo que destruyó parte del litoral en aras del desarrollismo. En España tenemos buenos antecedentes en el asunto, como el artista canario César Manrique, cuya obra se consagró a la fusión armónica de la arquitectura con la naturaleza de Lanzarote. Gracias a él la identidad de la isla llegó hasta nuestros días, los lanzaroteños pudieron trabajar con la construcción de sus edificios y lo siguen haciendo hoy con el turismo responsable que generan.