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Angélica Liddell actuará en Almería 

     Qué va. Es broma. Quizá nunca actúe en Almería. Pero el problema no es Almería, es España. Desde febrero de 2014 Angélica Liddell no actúa en su país. ¿Su país? Es su manera de protestar contra el 21% de IVA cultural. Ella puede permitirse ese tipo de protesta porque ha logrado una reputación internacional. Ha logrado que su trabajo se valore más en el extranjero que en su propio país ¿Su país? ¿Un país que maltrata a sus autores con el IVA cultural más elevado de Europa?

     Hace unas semanas, David Cameron publicó un artículo sobre el valioso legado de Shakespeare en el 400 aniversario de su muerte. Puede que no te guste Cameron, pero admite que los ingleses han sabido hacer de Shakespeare su «Marca Inglaterra». En cambio, ninguno de nuestros candidatos al Gobierno habló de cultura en los múltiples debates televisivos de campaña. ¿Te imaginas a alguno de ellos escribiendo un artículo sobre Miguel de Cervantes? ¿Imaginas a Rajoy escribiendo «me gusta Cervantes, hace cosas, muchas tardes y buenas gracias»?

     Cervantes también estaba frito por irse de España, quería pirarse a América, pero no le dejaron. La fuga de cerebros española comienza con Cervantes, el hombre que más hizo por la lengua de este país, ese hombre que, como buen patriota, metió la mano –en su caso la buena– donde no debía. Pero Angélica Liddell tuvo más suerte y pudo irse. Quizá para no volver. Ella integra esa lista de autores que, amargados por España, se van a triunfar al extranjero. Autores como el almeriense Agustín Gómez Arcos, quien lo consiguió todo en Francia y no volvió.

     Hace unas semanas, el alcalde de Almería hablaba en FITUR de una ciudad «orgullosa de su espléndido pasado», un orgullo que «los almerienses fomentamos con la preservación de nuestro patrimonio». Bien. Muy bien. Pero yo preferiría ser prudente y esperar a la finalización de las obras del Mesón Gitano. De todas formas, el patrimonio de una ciudad no está compuesto únicamente por sus monumentos, sino también por su gente, personas que dejaron huella en la historia. Francisco Villaespesa tiene una biblioteca. Bien. José Padilla un auditorio. Bien. Carmen de Burgos un paseo marítimo. Muy bien. ¿Y Gómez Arcos? ¿Una calle en Loma Cabrera? Esa ciudad tan «orgullosa» tiene una deuda pendiente con este autor, ganador en dos ocasiones del Premio Nacional Lope de Vega y condecorado por la Orden de las Artes y las Letras de Francia. «El autor favorito de Mitterrand», decían.