Roaming 9
Mi porra para los Goya

    Comencemos por las europeas. Entre las nominadas tenemos dos joyas del drama infantil (tema muy resultón cuando se trata de ganar premios). Recuerdo salir del cine, después de haber visto Camino a la escuela, con una sonrisa parecida a la de aquellos niños que luchan contra los kilómetros, fieras salvajes y barrancos que separan sus casas del colegio. En cambio, el obstáculo al que deben enfrentarse las niñas de Mustang (mi favorita) es más peligroso: la mentalidad retrógrada que aún impera en algunas zonas de Turquía, es decir, en aquellas lejos de Estambul.

   Además, tenemos Macbeth, donde la tragedia de Shakespeare parece un pretexto para juntar a varias superestrellas en una macroproducción afectada de acción. Es difícil adaptar a la gran pantalla la obra de otro (sobre todo cuando ese otro es patrimonio universal); siempre habrá algún espectador coñazo para reprochar que ese Macbeth no se parece al suyo. Es difícil versionar la obra de otro porque esa adaptación será algo totalmente diferente al original: otra obra. Existen varias maneras de adaptar: para pretender agradar al autor y sus lectores, para demostrar la vigencia de un clásico o para, con sencillez y delicadeza, proponer algo nuevo, como hace Paula Ortiz en La novia (mi favorita para mejor dirección y película). Pocas veces se vio en España el amor con el que Lorca y Bodas de sangre son tratados en este filme.

    Como mejor actor me quedo con Casablanc por B, la película, cuya temática ha sido poco aprovechada en el cine de estos años. Escasean los argumentos sobre corrupción política, como por ejemplo Murieron por encima de sus posibilidades, con esa genial escena en el manicomio donde Albert Pla imagina la muerte de todos los culpables de la crisis económica actual. En cambio, abundan las películas sobre las víctimas de esa crisis, como Techo y comida, donde Natalia de Molina está sublime (mi favorita al mejor actriz), con permiso de Juliette Binoche, porque las grandes actrices como ellas tienen algo en común: que no se les ve el truco.

    También de crisis habla Felices 140, pero de valores. Esta película equilibradamente coral (que quizá se lleve el mejor actriz de reparto) tiene un arranque tan prometedor que me hizo pensar en Le dieu du carnage de Yasmina Reza, con su destrucción de las convenciones morales que sostienen nuestra sociedad, pero la trama acaba cerrada a trompicones. Y es que, según parece, la crisis estará muy presente en esta edición de los Goya. ¿Y cómo no iba a estarlo si cumplen sus 30 años?