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Política para cuñados 
   25/05/2016 - La Voz de Almería

   Existe en francés una expresión bastante acertada para referirse al cuñado profesional. Viene a decir que la cultura es como la mermelada, y que cuanto menos tenemos, más la untamos –ya sea en una tostada o en una conversación–. No hay tema lo bastante complejo como para que pueda escapar al criterio incólume del cuñado. Él es así. Nunca supo distinguir entre la crítica y la opinión, ni entendió que algunos de sus juicios vienen de oscuras frustraciones personales. Es fácil reconocerle. Sus temas son recurrentes: empezará hablando de política, de la oportunidad que supone repetir elecciones, luego citará a Gramsci, admitirá habler leído el Corán y pasará por el racismo para acabar autoratificándose diciendo que Hitler llegó al poder de manera democrática. 

   Los lugares de trabajo de los cuñados son las bodas, algunos platós de televisión y los Blablacars. Estos cotos privados –donde conversar es obligatorio– son las ocasiones preferidas por los cuñados salvajes para cazar alguna presa indefensa ante su demagogia. Sin embargo, donde más proliferan es en las redes sociales. En esta zona de confort campan a sus anchas. Allí «el único sonido que oyen es el eco de su propia voz», como dice Zygmunt Bauman. Porque las redes son una trampa, un cepo que supieron aprovechar los cuñados para que sus opiniones gozaran de la misma accesibilidad que las de un experto. Bauman afirma que la red, a diferencia de la comunidad que nos controla, está controlada por nosotros: podemos agregar o eliminar amigos y configurar un grupo de contactos que piensan y sienten como nosotros. Esta homogeneización elimina cualquier posibilidad de diálogo, ya que el verdadero diálogo sólo se establece con el otro, con quien piensa diferente, ese tipo de diálogo que el teatro puede establecer con la sociedad. 

   Sobre la ralea del cuñado trata Famélica, la última obra de Juan Mayorga. Su argumento me recordó aquella máxima de que la derecha siempre se une por el interés común, mientras la izquierda se divide por matices ideológicos. Me pareció una divertida sátira del panorama político actual donde la única iniciativa de regeneración proviene de un partido como el comunista. ¿Para qué repetir elecciones? ¿Por qué mantener los mismos candidatos y la misma ley electoral? ¿La incapacidad de nuestros políticos para encontrar acuerdos es un reflejo de nuestra propia incapacidad? Por favor, deposita tus opiniones aquí.